MAMÁ: MAESTRA DE VIDA Y AMOR

«Esfuérzate cada día por hacer tu vida más pura, más rica y más luminosa.

 Conducirás sutil e imperceptiblemente a toda la creación hacia el cielo.

Sean cuales sean tus pruebas, recuerda que eres un espíritu y

eres capaz de cambiar tu destino»

Omraam Mikhaël Aïvanhov

El comienzo de la vida parece mágico. Un par de células que se unen y activan en poco tiempo ese mecanismo de crecimiento, que en menos de 12 horas produce ese pequeño conjunto de células que viajan rumbo al útero materno para encontrar el refugio seguro donde crecer.
Se necesitan tan sólo 22 días para que comience a latir el corazón, muy probablemente antes de que siquiera nos demos cuenta que el milagro de la vida empieza a crecer al interior, y de ahí en adelante el proceso biológico se va complejizando para crear todas las estructuras que hacen posible la vida, el aprendizaje, y nuestra actividad como seres humanos en el mundo “afuera” de nuestra madre.
Este es el desarrollo biológico, pero, ¿Dónde comienza el ser humano a sentir, a conectarse a la vida desde lo espiritual y a experimentar el amor? ¿Qué pasa cuando las condiciones en las que llegamos a la vida no son las mejores, cuando nuestra mamá no se encuentra bien física o emocionalmente o cuando ese embarazo no es la mejor noticia? ¿Qué tanto percibe el bebé en el útero de lo que sucede con su madre o en el entorno afuera del útero durante los primeros años de vida?
Y la pregunta que me ha guiado en los últimos años, ¿Es posible conocer y transformar memorias de la vida intrauterina, de los primeros años de vida y mejorar la relación con nuestra mamá desde el conocimiento y la consciencia?

Este artículo y la propuesta de trabajo interior desde la mirada integrativa, son mi respuesta a estas preguntas.

Vamos a comenzar por lo que me llevó a trabajar “El Camino a Mamá” y mi propia búsqueda de los nudos sistémicos que enredaban el amor.

La crisis como crisol
En muchas ocasiones la vida nos empuja a los aprendizajes, nos proporciona las oportunidades de crecimiento a través de las caídas, de las crisis, de las enfermedades o de esos momentos donde sentimos que todo se derrumba, y eso nos obliga a transformar algún aspecto de nuestra vida. En mi caso, fue una crisis profunda la que me llevó a buscar respuestas en las Constelaciones Familiares, y poco a poco la crisis se convirtió en un crisol donde se fueron juntando los ingredientes que necesitaba mi alma para sanar y transformar mi vida; el fuego alimentado por las emociones fue consumiendo poco a poco lo que ya no necesitaba, y descubrí, entre muchas otras cosas, la importancia de la relación con mamá.

En el proceso alquímico de mi propia sanación, tuve que escudriñar en etapas muy tempranas de mi vida buscando el origen de sensaciones, emociones y pensamientos que me acompañaban desde siempre, y que formaban parte de eso que necesitaba transformarse para dar paso, no al oro físico que buscaban los alquimistas, sino al resplandeciente y prístino amor representado por la relación con mi mamá. He de decir que el proceso no termina, que todos los días se mueve un poco la mezcla, aparecen nuevas luces y se hace necesario retirar impurezas que van emergiendo del fondo del crisol. Cada nuevo aprendizaje es un regalo que permite bendecir las crisis, agradecer a los maestros y honrar el proceso, comprendiendo que en esta escuela de la vida todos somos aprendices y todos somos un poco maestros.

Fiel a la naturaleza de mi mamá, y aportando mis propias cualidades, me dispuse a reconocer y desatar los “nudos sistémicos” que la vida traía como lecciones, y de ahí surgió “El camino de la transformación” que comienza con el taller “El camino a Mamá”, un espacio para aprender la importancia de esta relación, las posibles causas que enredan el amor y una propuesta para trabajarlas desde la mirada integrativa.

Quitando el velo
Una de las preguntas más importantes que podemos hacernos, es ¿dónde comienza la vida?, ya no solamente desde el punto de vista biológico, sino teniendo en cuenta los otros aspectos que nos conforman como seres humanos. Y aquí tenemos dos opciones: ponemos la barrera en el instante de la concepción, o tenemos en cuenta los testimonios que nos hablan de la una vida antes de nacer, de la continuidad de la conciencia y de nuestra naturaleza espiritual que nos lleva a experimentar una y otra vez para evolucionar (la rueda del karma, según la filosofía oriental), buscando en cada oportunidad maestros diferentes en un intento de nuestra alma por ayudarnos a aprender las lecciones.

Vamos a empezar hablando de la primera opción, la que pone el comienzo de la vida desde la concepción, y para ello revisaremos algunos conceptos interesantes planteados por el psiquiatra Thomas Verny en su libro “La vida secreta del niño antes de nacer”, donde junto con John Kelly plantea una conexión tan profunda entre el bebé y la madre, que nos revela un tipo de conciencia previa al nacimiento y desarrollo, y especialmente, una sensibilidad del bebé a los pensamientos, emociones y vivencias de la madre. Si la vida comienza en el momento de la concepción, claramente lo que sucede en los meses de nuestro desarrollo intrauterino marca significativamente las bases de una parte clave de nuestro ser, que da forma a circuitos neuronales y guarda unas memorias corporales que, desde el inconsciente, pueden dirigir nuestra vida y nuestras relaciones posteriormente.
En el libro de Verny y Kelly, comparten varios testimonios de diferentes investigadores que muestran cómo un bebé puede guardar la memoria de sonidos, olores, e incluso aprender más fácilmente idiomas a los que ha estado expuesto durante el período de gestación, y también cómo puede experimentar la ansiedad y el miedo de su madre por intermedio de sustancias como las catecolaminas que circulan por el torrente sanguíneo de la madre y pasan al del feto. Así mismo los precursores de neurotransmisores que atraviesan la placenta influyen directamente en el desarrollo fetal, modulando la expresión genética y determinando características del sistema nervioso en desarrollo.

El útero es también un escenario neuroquímico que empieza a escribir la historia del vínculo madre-hijo desde antes del nacimiento.

Para tener en cuenta:

Los seres humanos somos la sumatoria de características físicas, emocionales, sociales, espirituales y no podemos negar que llegamos a formar parte de un sistema de personas, de seres humanos en evolución que no sólo nos comparten su ADN con características físicas sino también múltiples aspectos en otros niveles como ha demostrado la ciencia. La puerta de entrada a esa información, es nuestra mamá, y lo que suceda en el ambiente al que llegamos y en las relaciones que experimentemos a lo largo de nuestra vida pueden llegar a modificar la expresión de esos genes como nos explica la Epigenética.

¿Y qué sucede con el papá? ¿De qué forma nos afecta en la vida intrauterina lo que sucede con él?

(…) Todas las pruebas demuestran que la calidad de la relación de la mujer con su marido o compañero – el hecho de que se sienta feliz y segura o, a la inversa, ignorada y amenazada – ejerce una influencia decisiva en el niño no nacido. ( 1)

Como nos explica Bert Hellinger,”al padre se llega a través de la madre”; si hay dificultades en la relación de pareja, la influencia de esta puede alterar la forma en la cual los niños establecen la relación con su papá, y si dejan de vincularse, es como si perdieran la mitad de la fuerza de la vida que llega a través de él.

Es decir, que la primera maestra del amor es nuestra mamá, el segundo nuestro papá, y la tercera la relación que exista entre ellos, así como es clave el lugar que ocupemos en la familia, si tenemos hermanos o no.

 “Tirando un poco del hilo” para intentar averiguar dónde se formaron los nudos que no permiten que la vida y el amor fluyan, podemos descubrir que no sólo importa lo que suceda desde nuestra concepción, sino que la historia comienza más atrás ( desde el punto de vista biológico, depende en gran parte de la información que guarda ese computador super cuántico que es nuestro ADN). Si miramos un poco más profundo, las vivencias de nuestra madre en el embarazo de nuestra abuela pueden dejar huellas que afecten nuestra propia vida, y ahí sólo ya tenemos todo un compendio de historias, emociones y tal vez traumas sin resolver para analizar. Y la historia puede continuar tan atrás en el pasado como deseemos averiguar…
Mi propia mente inquieta forjadora de preguntas, me llevó a pensar: ¿Tiene relación mi historia familiar y los asuntos no resueltos transgeneracionales con las lecciones que como alma me faltan por aprender?, es decir, ¿Es mi infancia con sus dificultades un recordatorio de lo que traigo de otras vidas como pendiente y son mis padres y mi sistema familiar los maestros que me ayudarán a resolverlo? Si es así, como lo confirman desde la mirada espiritual diferentes autores, quiere decir que no podemos “saltarnos” esas lecciones, no podemos “huir” de esos maestros y por más que nos alejemos, llegarán otras personas que como espejos nos reflejen la lección sin aprender.

Las circunstancias de la concepción, nacimiento e infancia serían ecos de karmas pendientes por resolver o equilibrar.

Maestro Tibetano

Desde esta mirada espiritual, las experiencias de los primeros momentos de vida se interpretan como parte del camino evolutivo del alma, con raíces profundas y con la necesidad de que tomemos cada uno de esos eventos como oportunidades de aprendizaje, asumiendo la responsabilidad que nos permite transformarlos.

No busques fuera de ti mismo,
todo lo que necesitas está dentro de ti,
solo tienes que escuchar.
Edgar Cayce

Los nudos
“Mi mamá era muy dura conmigo” refiere mi paciente A. “Yo siempre tuve mejor relación con mi papá, que me defendía de mi mamá. Con mi hermana era diferente, a ella sí la quería”. “Me cuesta trabajo entablar relaciones de pareja estables, y frecuentemente me involucro con hombres comprometidos”. “Ahora que murió mi papá, me siento perdida, la relación con mi mamá es muy complicada y yo soy la que cuido de ella”. Esta es la parte visible de la historia, y cuando entramos a mirar un poco más allá, descubrimos un aborto provocado de la madre con una pareja anterior al padre, una abuela materna con varias pérdidas de hijos pequeños y un enredo sistémico donde el padre hace de pareja simbólica de su madre debido a la ausencia del abuelo paterno de la paciente. El Camino a Mamá de esta paciente empezó por incluir al abuelo, las pérdidas de bebés y reconocerse como hija de su mamá, ordenando los roles y dando a cada uno su lugar.

El amor se enreda frecuentemente con los traumas sin resolver, con las exclusiones de personas de la familia y con el impulso inconsciente que tenemos de “arreglar” el pasado poniéndonos en lugar de nuestros antepasados. Se enreda cuando queremos cambiar a nuestros padres o abuelos o las circunstancias que vivieron para no sufrir, o cuando decimos “yo no quiero ser como tú” y quedamos “implicados” en esa misma circunstancia que queremos evitar, entrando en el laberinto de las repeticiones.

 “Como uno da, así puede recibir. Porque el alma solo posee lo que ha dado.”
Edgar Cayce

Hay maestros que nos enseñan con la teoría, otros con la práctica. Así mismo hay mamás que son amorosas, cuidadoras, generosas en su forma de amar y otras cuyo corazón herido está protegido bajo una armadura dura y fría, y a quienes les cuesta más trabajo la expresión del amor, llevándonos a experimentar una infancia dificil, probablemente con muchas heridas emocionales y una relación que nos reta continuamente, porque deseamos salir huyendo.

Dice Bert Hellinger “No se puede huir de la patria ni de la madre”, y así nos invita a “asentir” a nuestra principal maestra, diciendo “sí” a lo que fue, sin intentar cambiarlo, para poder seguir nuestro propio camino y buscar nuestros propios aprendizajes en la vida sin quedarnos congelados en un pasado lleno de reclamos a nuestros padres.

«Las heridas son grietas por donde entra la luz»
Rumi

Nuestro corazón comenzó a latir dentro del vientre de nuestra mamá y se sincronizó en muchos momentos con el suyo. Nos une un hilo invisible que va más allá del tiempo y del espacio, que no se puede romper, solo atesorar. Parafraseando a Milton Erickson, nunca es tarde para sanar esa relación y reescribir nuestra niñez, desde los ojos de adultos compasivos y conscientes que cambian las historias de víctimas y heridas por la de aprendices y tesoros que surgen de lo difícil.

Una voz siempre me susurra desde lo profundo de ese corazón: “no te rindas, aquí estoy, sólo tienes que buscar adentro”, cuando me asalta la añoranza por las manos cálidas de mi mamá y su espíritu tan especial que nos mira ya desde otro lugar.

Marcela Salazar

BIBLIOGRAFÍA

  1. Verny, T. R., & Kelly, J. (1981). The Secret Life of the Unborn Child. Dell Publishing.
    (Traducción al español: La vida secreta del niño antes de nacer. Ediciones Urano).
  2. Aïvanhov, O. M. (1996). Pensamientos cotidianos. Fundación Prosveta.
  3. Cayce, E. (2001). La sabiduría de Edgar Cayce. Ediciones Obelisco.
  4. Cayce, E. (2007). No busques fuera de ti: el poder de transformación interior. Ediciones Obelisco
  5. Bailey, A. A. (1951). Iniciación Humana y Solar. Fundación Lucis Trust.
    (Escrito por Alice Bailey, bajo dictado del Maestro Tibetano Djwhal Khul).
  6. Hellinger, B. (2004). Órdenes del amor. Herder.

ANEXO
La propuesta: El Camino hacia mamá

Transformar la relación con nuestra mamá, es asegurarnos unas raíces fuertes, nutricias y estables desde el punto de vista emocional, que se pueden expresar en nuestra vida en múltiples aspectos de nuestra salud, nuestra prosperidad y en la forma en la cual nos relacionamos.  Este proceso requiere un cambio de visión acerca de nuestro pasado, el reconocimiento de creencias que quedaron guardadas de manera inconsciente y de una reestructuración de esa relación desde un lugar de mayor conciencia.

La vida comienza con un latido, un par de células que se unen para formar un nuevo ser humano dentro del vientre de una mujer.

Y ahí comienza la más fascinante, retadora y maravillosa relación entre una mujer y una nueva personita, estableciendo el vínculo más importante que tendremos en nuestra vida y que determina nuestras relaciones emocionales, la conexión a la vida, nuestro crecimiento como personas y una gran parte de nuestra vida inconsciente.

🤰
Mientras crecemos en el vientre, sentimos, pensamos, hacemos nuestro lo que suceda con nuestra mamá. La información queda allí guardada y es en el desarrollo de nuestra vida adulta cuando tenemos la capacidad de mirar al interior y descubrir qué partes podemos transformar para llevar una vida más plena y feliz.

El taller “ El Camino a Mamá” es la oportunidad de transitar conscientemente la relación con nuestra mamá, con una mirada serena, sin juicios, que nos permita fortalecer ese vínculo y transformar aspectos de nuestra vida como las relaciones de pareja, la economía, la profesión y la salud.

💠 ¿Cómo se desarrolla? Una sesión online de 2 horas y media, que queda grabada. Un chat de grupo donde se realizan ejercicios, se comparte y se reflexiona sobre las historias personales.
💠 ¿Qué conseguirás?
🌟 Analizar la relación con tu mamá, descubriendo aspectos que actúan de manera inconsciente alterando tus relaciones personales y diferentes áreas de tu vida.
🌟 Conocer estrategias para mejorar la relación con tu mamá y con tus hijos si eres mamá.
🌟 Empezar un camino consciente para transformar tu vida.
💠 ¿Cuándo comienza? El sábado 9 de Agosto a las 10:00 am ( Hora Colombia) 17:00 pm (hora España).
💠 ¿Cuánto vale? El valor de la sesión en directo y el acompañamiento por 1 mes, tiene un valor de $150.000, pesos, 35 euros.

✅ Si quieres inscribirte, escríbeme al whatsapp +34655610786

La “Magia” de las Constelaciones Familiares

Se requiere valentía para transitar un camino poco ortodoxo de indagación, de conocimiento del ser a través de conocer el sistema familiar. Ese camino es la síntesis de varios enfoques psicológicos, filosóficos y terapéuticos, y la parte más curiosa es el uso del método fenomenológico, sin duda una de las genialidades de Bert Hellinger.

Ser representante en una Constelación Familiar es, además, un acto de profunda generosidad, donde servimos de espejos para que el otro pueda mirar, reconocer y sanar. La magia está en el hecho de que cuando el otro sana, sanamos nosotros también.

¿Cómo puede esto suceder? Un ejercicio colectivo de Constelaciones Familiares nos ayuda -entre muchas cosas- a reconocer esa conexión invisible que tenemos todos los seres humanos, esa en la que descubrimos nuestra humanidad que sufre, llora, se equivoca, se culpa, y también, esa que ama más allá de las fronteras de la personalidad. En el fondo no somos tan distintos, aunque acumulemos máscaras y ropajes en la vida que disfracen nuestra verdadera esencia. Tampoco lo fueron nuestros padres, abuelos, bisabuelos y demás antepasados, aunque sus creencias y costumbres sean de otra época, y sus visiones del mundo sean diferentes a las nuestras.

Cuando yo descubro que mis lágrimas o mi alegría se parecen a las de mi abuela, a las de tu abuela o a las tuyas, en un abrazo puedo viajar en el tiempo para consolar, consolarte, consolarnos mutuamente y permitir que el amor que subyace se filtre por los rincones y recorra el tejido invisible que nos une.

Descubrir cuánto de eso cargamos aún, como un fardo pesado que nos impide encontrar nuestro propio camino, es parte del trabajo de Constelaciones. Lo que podemos ver de ese «inconsciente colectivo» es información de la cual podemos escoger qué es útil y qué no para nuestra propia vida, y se convierte en el material que permea nuestro propio inconsciente personal hacia capas más sutiles donde podemos mirarlo para sanar.

La sanación personal y colectiva está estrechamente relacionada con los procesos de consciencia y la mirada sistémica nos permite poner esa luz sobre el pasado, no para cambiarlo, sino para transformar la forma como lo interpretamos aprendiendo de él.

El método fenomenológico nos enseña a “ver lo que es”, en el presente, como una instantánea, y el resultado muchas veces no tiene explicación racional, simplemente sucede y tiene un efecto.

No todo se puede explicar desde los paradigmas actuales de la ciencia; así como hace muchos años era un milagro que existiera el magnetismo o la electricidad y hoy en día, hasta los niños lo explican en sus clases de ciencia, en los tiempos actuales los científicos se ocupan de buscar explicaciones enmarcadas en la física cuántica para ciertos fenómenos que parecen magia (un pasito más allá del magnetismo…) pero aún quedan muchos misterios por resolver.

Prueba de ello, es el entrelazamiento cuántico y los fenómenos atribuidos a lo que Rupert Sheldrake llama “campos morfogenéticos”, ambos conceptos que, unidos a las neuronas espejo de Giacomo Rizzolatti, forman parte de las teorías que sustentan el trabajo de Constelaciones Familiares.

En el conocimiento de la psique humana aún quedan muchas preguntas sin respuesta, y sin duda el ejercicio de Constelaciones nos plantea interrogantes acerca de esa conexión invisible que alimenta nuestras ideas, emociones y sensaciones corporales. ¿Por qué funciona? No por magia, más bien por la luz que trae a los asuntos que nos hacen sufrir, por la luz de la consciencia.

Algo que la ciencia ha descubierto recientemente, es que el cerebro usa los mismos circuitos neuronales para la realidad y para la fantasía y puede generar respuestas emocionales y físicas reales ante cosas imaginadas. Esto es evidente en una Constelación: el dolor de la muerte de alguien cercano se vive igual con un representante de la persona fallecida, y así mismo, se puede hacer el camino de despedida para solucionar un duelo estancado. Un abrazo de alguien que representa a tu mamá, se siente literalmente como si fuera ella, y algo al interior cambia cuando puedes experimentarlo. Lo que no pudimos expresar a nuestro papá o a nuestra pareja, se vuelve real cuando nos desahogamos en la representación de la situación vivida y así podemos gestionar nuestras emociones para permitir que nuestro cerebro encuentre “nuevas vías” y no se quede “girando en un solo sitio” como sucede en los eventos traumáticos.

¿Es eso magia? No lo sé, pero a veces se siente así cuando te das cuenta que alguien se puede quitar un peso invisible de encima, cuando una mamá sana cosas pendientes con el papá de su hijo/a y éste logra tomar la fuerza paterna para cambiar cosas de su vida, cuando se encuentran respuestas en el pasado que nos permiten transformar algo de nuestra vida presente.

La conciencia sigue siendo una vasta materia de estudio, una con demasiados interrogantes que probablemente tardarán años en resolverse, para poder, entre otras cosas, explicar por qué funcionan las Constelaciones Familiares. Por ahora nos quedamos con la observación de sus fenómenos, sus efectos y la satisfacción de saber que todos podemos sanar un poquito de nuestra historia, aunque no entendamos cómo sucede.

Marcela Salazar

Testimonios:
«Luego de un duelo sentí que el mundo entero se me había ido al piso, que nada tenía sentido y no sabía cómo continuar adelante. Cuando fui a constelar, lo hice como lo hacemos muchos para los que éstos temas son ajenos, con mucho escepticismo, sin embargo, luego de vivir esa maravillosa experiencia, por primera vez en mucho tiempo, pude ver y sentir que, mi existencia tenía un futuro lleno de bendiciones, que lo pasado había sido solo un aprendizaje, y que me queda una vida completa para conocerme, seguir creciendo y ser feliz».
David C. (Colombia)

«Yo ya había constelado en un par de ocasiones hace muchos años y me había ido bien. Entonces tuve la oportunidad de constelar con Marcela cuando estuvo en Toledo-España. Fue una experiencia sorprendente, muy reveladora, profunda, transformadora y llena de emociones. Tras la constelación, siento que puedo aceptar cada emoción/sentimiento que tengo, validarlos y ponerlos en el lugar que les corresponde. Además, me encuentro más tranquila y disfruto más del presente»
SPC (Madrid-España)

Mi experiencia con las constelaciones familiares ha sido un viaje de profunda transformación, tanto personal como profesional. Gracias a la guía de Marcela Salazar González, logré honrar mis raíces y liberar cargas que no me pertenecían, encontrando un orden sanador en mi propio sistema.
Esta vivencia ha trascendido mi vida privada para convertirse en un pilar de mi ejercicio profesional. Hoy, gracias a lo aprendido en las constelaciones, ejerzo el Derecho de Familia desde una mirada distinta: apoyada en el Derecho Sistémico. Esta herramienta me permite abordar los conflictos legales no solo desde la norma, sino comprendiendo las dinámicas invisibles de los sistemas familiares, buscando soluciones que aporten paz y equilibrio real a mis clientes.

Katia Liliana Jácome (Bogotá, Colombia)

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