La “Magia” de las Constelaciones Familiares

Se requiere valentía para transitar un camino poco ortodoxo de indagación, de conocimiento del ser a través de conocer el sistema familiar. Ese camino es la síntesis de varios enfoques psicológicos, filosóficos y terapéuticos, y la parte más curiosa es el uso del método fenomenológico, sin duda una de las genialidades de Bert Hellinger.

Ser representante en una Constelación Familiar es, además, un acto de profunda generosidad, donde servimos de espejos para que el otro pueda mirar, reconocer y sanar. La magia está en el hecho de que cuando el otro sana, sanamos nosotros también.

¿Cómo puede esto suceder? Un ejercicio colectivo de Constelaciones Familiares nos ayuda -entre muchas cosas- a reconocer esa conexión invisible que tenemos todos los seres humanos, esa en la que descubrimos nuestra humanidad que sufre, llora, se equivoca, se culpa, y también, esa que ama más allá de las fronteras de la personalidad. En el fondo no somos tan distintos, aunque acumulemos máscaras y ropajes en la vida que disfracen nuestra verdadera esencia. Tampoco lo fueron nuestros padres, abuelos, bisabuelos y demás antepasados, aunque sus creencias y costumbres sean de otra época, y sus visiones del mundo sean diferentes a las nuestras.

Cuando yo descubro que mis lágrimas o mi alegría se parecen a las de mi abuela, a las de tu abuela o a las tuyas, en un abrazo puedo viajar en el tiempo para consolar, consolarte, consolarnos mutuamente y permitir que el amor que subyace se filtre por los rincones y recorra el tejido invisible que nos une.

Descubrir cuánto de eso cargamos aún, como un fardo pesado que nos impide encontrar nuestro propio camino, es parte del trabajo de Constelaciones. Lo que podemos ver de ese «inconsciente colectivo» es información de la cual podemos escoger qué es útil y qué no para nuestra propia vida, y se convierte en el material que permea nuestro propio inconsciente personal hacia capas más sutiles donde podemos mirarlo para sanar.

La sanación personal y colectiva está estrechamente relacionada con los procesos de consciencia y la mirada sistémica nos permite poner esa luz sobre el pasado, no para cambiarlo, sino para transformar la forma como lo interpretamos aprendiendo de él.

El método fenomenológico nos enseña a “ver lo que es”, en el presente, como una instantánea, y el resultado muchas veces no tiene explicación racional, simplemente sucede y tiene un efecto.

No todo se puede explicar desde los paradigmas actuales de la ciencia; así como hace muchos años era un milagro que existiera el magnetismo o la electricidad y hoy en día, hasta los niños lo explican en sus clases de ciencia, en los tiempos actuales los científicos se ocupan de buscar explicaciones enmarcadas en la física cuántica para ciertos fenómenos que parecen magia (un pasito más allá del magnetismo…) pero aún quedan muchos misterios por resolver.

Prueba de ello, es el entrelazamiento cuántico y los fenómenos atribuidos a lo que Rupert Sheldrake llama “campos morfogenéticos”, ambos conceptos que, unidos a las neuronas espejo de Giacomo Rizzolatti, forman parte de las teorías que sustentan el trabajo de Constelaciones Familiares.

En el conocimiento de la psique humana aún quedan muchas preguntas sin respuesta, y sin duda el ejercicio de Constelaciones nos plantea interrogantes acerca de esa conexión invisible que alimenta nuestras ideas, emociones y sensaciones corporales. ¿Por qué funciona? No por magia, más bien por la luz que trae a los asuntos que nos hacen sufrir, por la luz de la consciencia.

Algo que la ciencia ha descubierto recientemente, es que el cerebro usa los mismos circuitos neuronales para la realidad y para la fantasía y puede generar respuestas emocionales y físicas reales ante cosas imaginadas. Esto es evidente en una Constelación: el dolor de la muerte de alguien cercano se vive igual con un representante de la persona fallecida, y así mismo, se puede hacer el camino de despedida para solucionar un duelo estancado. Un abrazo de alguien que representa a tu mamá, se siente literalmente como si fuera ella, y algo al interior cambia cuando puedes experimentarlo. Lo que no pudimos expresar a nuestro papá o a nuestra pareja, se vuelve real cuando nos desahogamos en la representación de la situación vivida y así podemos gestionar nuestras emociones para permitir que nuestro cerebro encuentre “nuevas vías” y no se quede “girando en un solo sitio” como sucede en los eventos traumáticos.

¿Es eso magia? No lo sé, pero a veces se siente así cuando te das cuenta que alguien se puede quitar un peso invisible de encima, cuando una mamá sana cosas pendientes con el papá de su hijo/a y éste logra tomar la fuerza paterna para cambiar cosas de su vida, cuando se encuentran respuestas en el pasado que nos permiten transformar algo de nuestra vida presente.

La conciencia sigue siendo una vasta materia de estudio, una con demasiados interrogantes que probablemente tardarán años en resolverse, para poder, entre otras cosas, explicar por qué funcionan las Constelaciones Familiares. Por ahora nos quedamos con la observación de sus fenómenos, sus efectos y la satisfacción de saber que todos podemos sanar un poquito de nuestra historia, aunque no entendamos cómo sucede.

Marcela Salazar

Testimonios:
«Luego de un duelo sentí que el mundo entero se me había ido al piso, que nada tenía sentido y no sabía cómo continuar adelante. Cuando fui a constelar, lo hice como lo hacemos muchos para los que éstos temas son ajenos, con mucho escepticismo, sin embargo, luego de vivir esa maravillosa experiencia, por primera vez en mucho tiempo, pude ver y sentir que, mi existencia tenía un futuro lleno de bendiciones, que lo pasado había sido solo un aprendizaje, y que me queda una vida completa para conocerme, seguir creciendo y ser feliz».
David C. (Colombia)

«Yo ya había constelado en un par de ocasiones hace muchos años y me había ido bien. Entonces tuve la oportunidad de constelar con Marcela cuando estuvo en Toledo-España. Fue una experiencia sorprendente, muy reveladora, profunda, transformadora y llena de emociones. Tras la constelación, siento que puedo aceptar cada emoción/sentimiento que tengo, validarlos y ponerlos en el lugar que les corresponde. Además, me encuentro más tranquila y disfruto más del presente»
SPC (Madrid-España)

Mi experiencia con las constelaciones familiares ha sido un viaje de profunda transformación, tanto personal como profesional. Gracias a la guía de Marcela Salazar González, logré honrar mis raíces y liberar cargas que no me pertenecían, encontrando un orden sanador en mi propio sistema.
Esta vivencia ha trascendido mi vida privada para convertirse en un pilar de mi ejercicio profesional. Hoy, gracias a lo aprendido en las constelaciones, ejerzo el Derecho de Familia desde una mirada distinta: apoyada en el Derecho Sistémico. Esta herramienta me permite abordar los conflictos legales no solo desde la norma, sino comprendiendo las dinámicas invisibles de los sistemas familiares, buscando soluciones que aporten paz y equilibrio real a mis clientes.

Katia Liliana Jácome (Bogotá, Colombia)

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